VOLVER LA MIRADA A LA EDUCACIÓN PARA EL TIEMPO LIBRE

No sé cómo nos sorprendió la pandemia en cuanto a nuestras costumbres o hábitos para el uso del tiempo libre. Quizá ya habíamos abandonado nuestros juegos de salón o de mesa, o ya no sabíamos cómo jugar, cómo pasar de manera sana el tiempo. Tampoco sabemos cómo será nuestra vida y el mundo después. En todo caso, los organismos inteligentes saben cómo encontrar caminos para seguir la vida y desarrollarse. Saben cómo aprovechar una crisis y convertirla en herramienta para mejor todo.

En todo caso, pase lo que pase después de la presencia dominante del Covid 19 en el planeta, debiéramos pensar seriamente en que el tiempo libre (sea poco o sea mucho) siempre será una magnífica oportunidad de ser mejores personas, porque nos permite aprender a vivir con los demás. Incluso, cualquier iniciativa o esfuerzo serio de participación política o ciudadana también va a tener que ver con esta calidad en nuestras interrelaciones con los que tenemos cerca. Así que a volver la mirada a la educación para el tiempo libre. Esa que consiste en jugar, intercambiar, aprender, construir y fortalecernos en ese tiempo en el que no trabajamos o no vamos a la escuela, o no tenemos obligaciones sociales o políticas.

Algunas de esos elementos que nos permitan hacer del tiempo libre una estrategia para la emergencia, pero también la vida de siempre:

  1. No solo existe la televisión o la tecnología. Por supuesto que siempre vamos a seguir viendo televisión o usaremos los videojuegos y todo lo que implique pantallas. No se trata de satanizarla, pero tampoco de ponerle en altares de “dios”. Debemos aprender a reconocer que el tiempo off line también puede ser un buen tiempo, un tiempo para el crecimiento, la diversión y el encuentro. Si podemos hacer el sacrificio, paulatino puede ser, de quitarle tiempo a la tele, podremos descubrir otras cosas maravillosas.
  2. Proveernos, como un kit de vida, de juegos de salón o de mesa. Esta es una inversión a la que no le ponemos mucha atención, pero nos puede salvar emocionalmente en todo tipo de situaciones. Y si no contamos con ellos, podemos hacerlos, crearlos, adecuarlos con materiales que encontremos en casa. ¿Tan difícil es inventar fichas con materiales, o dibujar tableros, o crear pelotitas con cualquier material?
  3. Recuperar la naturaleza lúdica de la vida. Aprender a jugar, como sea, con quien sea, con lo que sea, quizá puede ser una de esas fortalezas que los cerebros inteligentes y las personas con salud emocional pueden enseñar al mundo. No “solo de pan vive el hombre”. En el confinamiento, comer es prioritario, pero también saber llevar el tiempo, salir de esta situación con fuerza no con debilidades emocionales. Así que, insistamos en lo que siempre hemos dicho: jugar, jugar, jugar. Para que así los resultados puedan ser estos:
  4. Reír, elemento terapéutico vital.
  5. Intercambiar y pasar el tiempo.
  6. Dialogar. Esto tiene un efecto notorio en nuestra vida familia.
  7. Desarrollar habilidades diversas.
  8. Aprender que el mundo también se construye desde adentro. Nuestra tendencia al discurso o a la acción social puede, a veces, contradecirse con lo que somos, hacemos y vivimos dentro de las paredes de casa. El tiempo libre puede ser el mejor antídoto contra esa contradicción.
  9. El derecho a la educación también pasa por la calidad del tiempo libre. Las mayorías viven forzadamente el tiempo libre: sin empleo, sin entretenimientos diversos y sanos, sin opciones ni sentido de vida. Pero también las minorías escolarizadas no han sabido qué hacer durante los momentos que no están en aulas, escuelas o colegios. El derecho a la educación no es solo el derecho a lo que se vive institucionalmente, sino también a la calidad en los momentos libres, en el entretenimiento familiar, en las formas de diversión social.

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